
Junto a la temperatura que sube, las arañas bajan del entretecho. Una me amenazaba en medio de la cornisa haciéndose la tonta, eran las 2 de la mañana y me daba una profunda lata ir por insecticida o hacer intrépidas piruetas con una pantufla en la mano para estampar su rigor mortis entre la blancura del techo y el papel mural. Pero el temor de que fuera una araña de rincón fue superior a mi respeto por los bichitos estivales errantes. Lo único que tenia más a mano era un desodorante Rexona espray (en barra hubiera resultado más extraño) y
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