
Ayer fue una buena tarde, nos juntamos con mi amiga a conversar en el parque Bustamante, a ponernos al día en temas varios. Sentadas en una banca de la plaza hablamos sin parar mientras un centenar de polillas pululaban torpemente. Mi amiga entro en pánico. ¿Nos estamos apolillando? ¿son todas nuestras? Por más que le expliqué que no, que era la primavera y los árboles, en algún rincón de mi cabeza sabía que podían ser parte de los personajes y no del escenario. ¿Tendremos que cambiar las pastillitas de mentas por las de naftalina?
En medio de los bicharracos pasaban corredores nocturnos, quizás entrenando para la corrida Nike. Habían para todos los gustos, jóvenes, maduritos, gordos, flacos, de shorts ochenteros y de los otros más calzonudos. Se veían tan empeñosos todos que hasta me sentía culpable por ser tan sedentaria, mi máximo esfuerzo es mover frenéticamente el pulgar sobre el control remoto, y debo hacerlo recostada para no agotarme.
Pasaban corredores para arriba, para abajo, de izquierda a derecha, de dos, de tres, de a uno. La mayoría enchufados a su Ipod, mp3, mp4,6,8,10. Estuve a punto de salir corriendo detrás de un par, y eso que no corro ni para tomar la micro ni para los incendios, a lo más para algún terremoto, y eso fue el 85… ufff. Que mal.
¿será la estación, el calor, el efecto polilla? No sé que, pero el zapateo hormonal me hizo seguir con la vista a un rucio medio peladito, que me tenía impresionada, no tanto por su look sino que por su perseverancia. Que manera de correr de ese hombre, estoy segura de que va a ganar la corrida, vuelta tras vuelta, yo lo miraba desde el banquito de la plaza y veía como su cara cada vez estaba más roja, y a la décima pasada ya me estaban dando ganas de llamar a la Help o de darle oxigeno, de preferencia boca a boca. Pero mis hormonas maquinaban otro plan, la idea era estirar una patita mientras el pasaba frente a mi con la finalidad de que cayera rendido, de cansancio, a mis pies. Cómo el golpe lo dejaría medio aturdido podría atajarlo en mis brazos y transformarme en heroína de los parques.
Finalmente mi rucio pelado se fugo por las calles y lo perdí con la mirada. Seguramente llegaría a su departamento dónde su maravillosa esposa estaría esperándolo con una cena maravillosa, un relajante baño, cálidos masajes y sin una gota de olor a naftalina. ¡Maldita primavera!


Este sitio funciona sobre la
Hola
Antibarbie, bonito nombre de blog! Quien sabe si al el peladito te lo volvés a encontrar y cae rendido a tus pies para que le des unos lindos masajitos....
No hay que descartarlo...
Cariños
Princesa