Hace unos días una película en el cable me recordó lo importante que son los ritos y reconozco en ellos, la virtud de crear costumbre y respeto por aquellos elementos y sentimientos que están siempre presentes en nuestra vida pero que la cotidianeidad los cubre y oculta con nuestras preocupaciones y pesares.
El pedir y agradecer debería ser un rito habitual para todos, independientemente de las creencias religiosas, nos da espacio para reflexionar en paz y visualizar desde un ámbito muy íntimo lo que queremos, lo que tenemos y lo que sentimos.
Encender una vela pensado en alguien que lo necesita o que ya no está físicamente, aromatizar el ambiente, poner flores en la casa, respirar en conciencia, son pequeños rituales que alimentan el alma. Hace unos días alguien totalmente desconocido me recordó lo importante que es agradecer por lo que tenemos y que eso nos hace olvidar nuestras carencias. Hoy comparto esta pequeña reflexión, para contagiar este maravilloso rito.
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