Hace unos meses que me ronda la culpa. No por algo en particular que haya hecho sino por que en algunas conversaciones con un amigo me explicaba como hay personas que son especialistas en manipular a través de la culpa y con eso nos trasmiten una carga emocional que absorbemos inconscientemente.
Las madres son especialistas en generar sentimientos de culpa, no todas por supuesto, pero conozco algunas que muñequean una y otra vez hasta hacernos sentir una miseria andante. Por ejemplo cuando somos pequeños nos dicen ¡Supieras la cantidad de niños que hay en el mundo que no tienen que comer y mueren de hambre, y tu no quieres comer tu almuerzo! Carajo, con siete años nos hacen responsables de la hambruna mundial, y ahí vamos rumiando la culpa junto con el charquicán.
Por otro lado están los pecados capitales, no me voy a meter con todos los pecados pues aun me falta ponerlos en práctica, claro para hablar desde la experiencia. Por que tenemos que sentirnos culpables por ejemplo de la pereza, del ocio, de disfrutar la vagancia, a quien no le gusta echarse en el sofá y ejercitar el pulgar viendo todo y nada al mismo tiempo. ¿A quien no le gusta dormir esos 5 minutitos más o contemplar el techo en posición horizontal? Claro es placentero y cuando ocurren esos minutos de relajo uno los disfruta, pero la nefasta culpa aparece, ¡Voy a llegar tarde!, ¡No debería haberme quedado dormido! ¡Debería estar estudiando! Y hasta ahí no más llega el placer.
La lujuria en todos sus grados. No todo es amor y rozas, bien por quienes están enamorados pero los que no, que deben hacer, ¿esperar el amor?, patrañas, por que no dar y recibir placer, si es tan rico, ya lo decía Soda, “cuando el cuerpo no espera lo que llaman amor” hay que disfrutar la piel, el calor y el sudor y lo que venga si se tiene ganas, pero la culpa está bajo la cama a hurtadillas, esperando el amanecer para transformarse en Chicle mental disfrazado.
Chocolate, un suculento trozo de chocolate derritiéndose en la boca, exquisito dulce, cálido. Un helado cremoso, una copa de vino, unos ostiones parmesanos, todos perfectos bocados que cualquiera disfruta con inmenso placer. Pero junto a la digestión aflora la culpa ¡Por qué me lo comí, si va a parar directo al neumático! Y empieza la tortura nuevamente.
Por esto creo que hay que extirpar la culpa la conciencia, no se trata de andar haciendo barbaridades por ahí, pero si ya lo hiciste y lo disfrutaste, asume, ya fue, ya pasó, fue placentero y punto. Si la cagaste, ya la cagaste y fin del tema, siempre cuando no hayas herido a nadie. La culpa es un invento que hay que desinventar para disfrutar lo que es placentero, para no hacernos cargo de lo que no nos corresponde. Hay que hacer un aseo profundo mental de manera que ocupemos los pensamientos en generar cosas positivas y no anclarnos en lo que ya fue o en lo que no fue y pudo ser.
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